La obra de Hernán Hernández 

Por: Lucrecia Piedrahita Orrego. Arquitecta y Curadora de Arte *

“El dibujo es esa línea con memoria de la que nos habla Matisse, esa acción, que como un soplo del espíritu es el aire que ocupa los vacíos, las carencias desde las que se moviliza la acción de conocer.” 

J.J. Gómez Molina

Partiendo de la separación de capas matéricas del mármol y del metal, el artista Hernán Hernández organiza los planos compositivos en el delicado ejercicio del control del espacio escultórico y sus gradaciones de la luz; la contraposición de masas y zonas de aire, unidos al acto íntimo y poético de dibujar para luego esculpir, son la síntesis procesual de su trabajo. La retina encuadra el paisaje del vacío por donde se desplazan sólidos dominados por el rictus de la acción, en un barrido que acentúa el carácter gravitacional propio de la curvatura del espacio-tiempo, provocando la singularidad de sus trabajos al develar una dimensión matérica y espacial que da cuenta de la geometría no euclidiana y del non-finito.

El artista contempla el cosmos y analiza la profunda interacción de multiversos, agujeros negros, ondas gravitacionales y elementos del espacio, y los re-trae en instantes fugaces de tiempo para luego aproximarse a la construcción de paisajes estelares, de instalaciones que exaltan el vacío y subrayan la naturalidad de la coreografía del universo.

La máxima condensación del paisaje percibido que implica, además, una interpretación del mismo, es desarrollada desde la tercera dimensión, dejando entrever entrantes y salientes de las hendiduras del material que producen una geografía propia donde las sombras se desdibujan al borde mismo de la desaparición. La trama compositiva de sus instalaciones y sus esculturas centran la mirada en el volumen y el espacio para imprimir una composición que se anuda a las ondulaciones de la piedra y el metal, así como en la superposición de elementos que con líneas dibujadas denotan una inteligencia perceptiva que hace de su ilusión una forma superior de realidad.

Un borramiento aparece y tras esas superficies que se quiebran en la sala expositiva se entrevé los acentos del universo. Así, entre esquirlas que se suspenden de la cubierta museográfica, entre los dobleces de la materia escultórica, aparecen las atmósferas evanescentes que se cuelan por los solapes despojados de toda retórica formal y trabajados con intensidad y pasión para coleccionar paisajes abstractos, dispuestos sacramentalmente en el soporte del imposible confinamiento del universo.

El artista contempla y analiza las acciones, a través de fotografía, telescopios y video, de conjuntos de ondas gravitacionales, de multiuniversos, de agujeros negros, de objetos y elementos del espacio y los re-trae en instantes fugaces de tiempo para luego aproximarse a la construcción de paisajes estelares, de instalaciones que exaltan el vacío y subrayan la naturalidad de la coreografía del universo. 

La máxima condensación del paisaje percibido que implica, además, una interpretación del mismo, es desarrollada desde la tercera dimensión que deja entrever las entrantes y salientes de las hendiduras del acero y las texturas que producen ópticamente un sistema de pliegues y contrapliegues de una geografía propia donde las sombras se desdibujan al borde mismo de la desaparición. La trama compositiva de sus instalaciones y sus esculturas centran la mirada en el volumen y el espacio para imprimir una composición que se anuda a las ondulaciones del metal, la piedra y en la superposición de los elementos que con líneas dibujadas y enhebradas del bronce y el mármol denotan una inteligencia perceptiva que hace de su ilusión una forma superior de realidad. 

Un borramiento aparece y tras esas superficies que se quiebran en la sala expositiva se entrevé los acentos del universo. Así, entre esquirlas que se suspenden de la cubierta museográfica, entre los dobleces de la materia escultórica aparecen las atmósferas evanescentes que se cuelan por los solapes despojados de toda retórica formal y trabajados con intensidad y pasión para coleccionar paisajes abstractos, paisajes figurativos dispuestos sacramentalmente en el soporte del imposible confinamiento del universo.

 *Lucrecia Piedrahita. Arquitecta de la Facultad de Arquitectura UPB. Museóloga de la Universidad Internacional del Arte, Florencia – Italia. Curadora de Are – Becaria Lipac. UBA.. Especialista en Periodismo Urbano, UPB. Especialista en Estudios Políticos, EAFIT. Directora – Curadora del MAR – Museo de Artes de Rionegro. Directora para Latinoamérica del libro de la Universidad de Chicago: De lo que no se puede hablar. El arte político de Doris Salcedo. Texto escrito por Mieke Bal. Pasante del Workshop Internacional de Arquitectura y Paisaje en RCR Arquitectes, ganadores del Premio Pritzker 2017.